A young man’s commentary about the Bakker photographs

Friday night’s opening reception for Dirk Bakker was a smashing success.  People from all walks were in attendance and where most people rejoiced in the candid expression the photographer captured from his subjects there was at least one very verbal dissident.  I soaked in his youthful perspective and the opportunity to defend the work.   He was a young photography student named Mario Andrade who was afraid these photos were false in their depiction of how devastating the subject’s lives truly were.  The discussion lasted a good while & I promised him that if he wrote something that I would post it to the blog.

Bueno, Mario, cumplo con mi compromiso.  Ojala algún día serán tus fotografías expuestas en la galería y estaremos discutiendo como te ayudamos a resolver estos graves problemas de desigualdad.

Por Mario Andrade
“Increíblemente, hoy cada día, podemos transitar por las calles de cualquier ciudad de México, con una naturalidad que se ha hecho tan común como respirar, sin mirar que nuestra gente, nuestro pueblo, está padeciendo. Está pereciendo. Se ha plasmado en la memoria de nuestra nación la falsa idea de que “en México no existe la pobreza extrema, ni la esclavitud” pero si usted es un ser sensible y observador, se dará a la labor de reír irónicamente a carcajadas al escuchar semejante declaración.
Como en una copia de diferente papel, en México vivimos un holocausto palpable, donde gente muere todos los días y agoniza lentamente en nuestras avenidas; que también son sus avenidas.
Victimas y presas de un sistema que sirve solo para mantener un diario vivir rutinario, los de clase media y media baja, se dedican a gastar su tiempo en trabajar en una empresa que probablemente los despachará cuando exista un recorte de personal, o cuando estén en tiempo de jubilarse; 8 horas diarias de labores lineales como mínimo; es un círculo vicioso que no para de girar. Al tener la necesidad de alimentar y sustentar una familia, las cabezas al frente, se envuelven en gastos para satisfacer dichas necesidades, trabajo duro, y deudas que se liquidan sólo al recibir la próxima paga.
El tiempo libre y de familia se ha limitado a unas cuantas horas de convivencia, y ¿En qué tiempo queda el sensibilizarse por la sociedad? ¿En qué parte puede un extraño ocupar una prioridad en la existencia de un hombre con estas características?
La necesidad de ver por los propios es la figura y todo lo demás puede englobarse en el fondo.
¿Y dónde queda nuestro pueblo que vive al margen de la escasez y la muerte? En las calles. Sin fin de ancianos y niños se ven forzados a buscar el pan de cada día en una sociedad que los ha materializado en un mismo concepto “el limosnero”. ¿Porqué no se recuerda el rostro de un niño, que un día antes también se acercó a nosotros a pedir un centavo? ¿Será porqué es parte del fondo?
Lector. ¿Alguna vez le has preguntado su nombre a alguna de estas personas? Si es así, te felicito, pues has cruzado una barrera invisible pero casi indestructible. Si no, te invito a plantearte el pensamiento de si esas personas son tan ajenas a ti, tan diferentes a ti. Recuerda que tal vez sea más común saber el nombre de alguien que conociste en un bar o en la parada del autobús. Realmente no considero que sea el contexto de la situación, el pretexto que nos niegue un diálogo.
Puede ser que tenga una quimera en la mente en donde tantos se han postrado, sin parecer haber cambiado resultados, pero ¿que hubiera sido de nuestro mundo, si no existieran personas que seguimos recargándonos en la misma quimera?”
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